dame un fa
No escucho música cuando camino, mi discman está malo y no tengo ganas de comprarme ningún reproductor. Tampoco tengo plata, asi que me conformo y me gusta acompañarme de mi canto desafinado en voz baja, mis lalalás que se olvidan de las letras y las guitarras que se convierten en shansharán cuando les toca su turno de musicalizarme mientras camino. Me aburro a veces de cantar, pero no siempre.
Afuera llueve y llueve suave, como murmullo, pero de esos susurros de los buenos, no de los que pintan de color una oreja y te tienen paranóico repasando tu lista de enemigos, pensando que uno de esos en este segundo escupe saliva con tu nombre.No, de ese suave que hasta parece melodía y da frio, pero del bueno, porque cuando hay lluvia todo es bueno. No todo, pero vamos que quiero verlo todo bueno.
Escucho explicaciones que no quiero escuchar e historias que no quiero aconsejar, pero el oido no puede hacerse el sordo de manera discreta. Sigue escuchando y mi boca simula una sonrisa que se acaba en dos segundos. Cuando pequeña me quise quedar sorda a propósito y casi lo logro. Terminé de visita en el hospital con ese especialista de nombre que parece trabalengua, metiéndome unas pinzas en las orejas, mientras mi madre no entendia como su hija de 5 le habían venido ganas de no escuchar a nadie. Ahora ella lo cuenta como anécdota y le da risa, porque se supone que cuando pasa el tiempo todo pasa y da risa. Y se ríe y me encanta cuando se rie.
Afuera llueve y llueve suave, como murmullo, pero de esos susurros de los buenos, no de los que pintan de color una oreja y te tienen paranóico repasando tu lista de enemigos, pensando que uno de esos en este segundo escupe saliva con tu nombre.No, de ese suave que hasta parece melodía y da frio, pero del bueno, porque cuando hay lluvia todo es bueno. No todo, pero vamos que quiero verlo todo bueno.
Escucho explicaciones que no quiero escuchar e historias que no quiero aconsejar, pero el oido no puede hacerse el sordo de manera discreta. Sigue escuchando y mi boca simula una sonrisa que se acaba en dos segundos. Cuando pequeña me quise quedar sorda a propósito y casi lo logro. Terminé de visita en el hospital con ese especialista de nombre que parece trabalengua, metiéndome unas pinzas en las orejas, mientras mi madre no entendia como su hija de 5 le habían venido ganas de no escuchar a nadie. Ahora ella lo cuenta como anécdota y le da risa, porque se supone que cuando pasa el tiempo todo pasa y da risa. Y se ríe y me encanta cuando se rie.
4 Comments:
te apuesto que te metiste tapitas de lapiz bic en las orejas.
que fue lo que te metiste, me acuerdo que la gaby se metio plasticina... o esa erai tu jajaja
ahaha es chori acompañarse desafinadamente.
es que la cago grey's. LA CAGO
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